El Loco de la salina

Los marcianos ya están aquí

En el manicomio estamos convencidos de que los marcianos que buscan ahora en Marte están hace tiempo aquí en la Tierra.

Publicado: 22/02/2021 ·
22:32
· Actualizado: 22/02/2021 · 22:32
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Autor

Paco Melero

Licenciado en Filología Hispánica y con un punto de locura por la Lengua Latina y su evolución hasta nuestros días.

El Loco de la salina

"Tengo una pregunta que a veces me tortura: estoy loco yo o los locos son los demás" (Albert Einstein)

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Estamos en el manicomio con las boquitas abiertas y las carnes encogidas. Nos están diciendo a todas horas en la tele que un montón de naves muy raras salieron de la Tierra hace muchos meses y que ahora están llegando a Marte casi al mismo tiempo, que han ido a meter por ojo y que están dejando allí unos coches que valen una fortuna. Los locos estamos celosos. Siempre nos habían asegurado que nosotros vivíamos en la luna, pero ya nos están dando de lado y no paran de buscarnos otros sitios que serán más misteriosos pero desde luego menos románticos que la luna lunera. Nos enseñan las fotos de los pedruscos que hay en Marte y se quedan tan tranquilos

¿Qué está pasando? ¿Qué mosca les ha picado a esos cuerdos para remover el cielo, si al final lo que hay es un desierto lleno de pelotes? ¿Por qué les ha dado por mandar cohetes y coches a Marte? ¿Será para ver si hay agua? No hubiera hecho falta, ya se lo decimos nosotros; allí no hay agua, en Mercadona sí, y vino. ¿Serán capaces de montar la que están montando para quitarse la sed o para ducharse? Increíble, porque allí no van a encontrar ni Solan de Cabras ni nada que se le parezca. Por lo visto, de camino quieren ver si hay marcianos. Tampoco hubiera hecho falta; ya se lo decimos también nosotros, allí no hay marcianos, aquí sí.

En el manicomio estamos convencidos de que los marcianos que buscan ahora en Marte están hace tiempo aquí en la Tierra. Por ejemplo, solamente hay que darse una vuelta por el Congreso de los Diputados para comprobar que muchos señores diputados son de lo más parecido a lo que se despacha en marcianos. Los marcianos no entienden nuestra lengua, ellos tampoco; los marcianos viven en otro mundo, ellos también; los marcianos tienen mucha cara, ellos más; los marcianos son pequeñitos y rechonchos, Miquel Iceta también; los marcianos disponen de bastante espacio para construirse sus enormes palacetes, el Coletas también; los marcianos no paran de soltar ruidos como si hablaran, ellos también… Por tanto, no entendemos tanto interés por meterse en el cuerpo un viaje de millones de kilómetros, cuando aquí hay de todo. Aunque parece que aquí lo único que no hay es libertad de expresión.

Sin embargo los locos creemos que muchas veces no basta con tener libertad de expresión, sino que además es necesario que lo que se vaya a expresar merezca la pena. Por ejemplo, yo tengo libertad para cantar, pero, si canto como un perro, que es el caso de ese tal Pablito, todos saldríamos ganando si me callo y me dedico a otra cosa. También todo el mundo tiene libertad para irse a un país donde la democracia le parezca plena o a otro planeta, por lo que no entiendo que el otro Pablito, el del chalet, continúe aquí con el de la silla, cuando lo que hace falta es que este tipo de gente se vaya para Marte y anime a irse con ellos a los muchachos que rompen escaparates, más que nada porque, si algo sobra allí, son piedras y adoquines para tirárselos a la policía. Por lo demás, aquí hay de todo; hay incendiarios, vándalos, sinvergüenzas, rateros, canallas, cobardes, oportunistas…

Solamente hay una cosa que nos falta a espuertas y que aquí vendría bastante bien a casi todos: un poco de educación. Con ese poquito de educación y con menos cafres arrasando con todo, esto sería como un paraíso pleno. Pero el problema es que la educación hay que mamarla desde pequeños.   

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